(Ella)


No atiende al desparpajo de mis letras
y tolera mi desidia y mis reproches.
Debería despreciarme por irresoluta,
pero sigue aquí
aunque no tenga nada que decirle.

...

Traspasa mi puerta con sus gritos,
esparce insomnios sobre mis sábanas
y lanza piedras en mi sopa.

¡Jodida poesía! ¡No entiende
que no sé qué hacer con ella!

...

Justo ahora está conmigo;
tiene apuntalados sus dioses
y demonios en mi nuca
disputándose estas líneas.


lh

 

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